Antonio Miguel Abellán

Página personal

Mes: marzo 2011 (página 2 de 4)

La sensibilidad oriental es solo un tópico

He conocido la noticia que están difundiendo algunos medios de comunicación y algunas ONG sobre la matanza masiva de perros y gatos en paises como China, Tailandia y Filipinas, a fin de utilizar sus pieles para productos varios muy demandados en el mercado europeo. La cifra que dan es de más de dos millones de animales, que son sacrificados para abastecer el mercado del disparatado bienestar occidental. Sus pieles quedan convertidas en cuellos y puños de chaquetas, en figuritas para estanterías o en gorros para señoras aburridas y con cabeza sin demasiado seso. Demasiado horror gratuito para satisfacer los intereses del mercado occidental de “medio pelo”, de los que piensan que el uso de pieles les eleva la condición social, que les hace subir un peldaño en su estrato social si cubren sus cuerpos con las pieles de estos pobres animales. ¡Qué ilusos! Seguir leyendo

Un lugar para vomitar

tiempos-modernos

Necesitaba un espacio donde poder vomitar de vez en cuando. Siempre es preferible hacerlo fuera a tragarse día a día el vómito que nos producen algunos hechos y actitudes que nos dan de lleno en la cara, sin que podamos esquivarlos o pararlos en seco. Ya quisiera poder hacer ésto último; sin embargo, siempre hay alguien que no tendría escrúpulos en llevarse la mano por delante y todo lo que encontrase a su paso. En fin, así son las cosas en este mundo que nos venden como único posible, en el que el mensaje subliminal que recibimos continuamente es: “intenta entretener tu vida con lo que te permitimos y déjamos a nosotros, que somos más listos y poderosos, pensar y hacer por tí”. Y además, esperan Seguir leyendo

Matías o la indecisión

taberna

Aunque no fue de los primeros en levantarse, tampoco aguardó en el interior hasta que el sol se colocara en lo más alto, como había hecho los días anteriores, a pesar del calor infernal que se derramaba a esas horas sobre las tiendas del camping.

Lo ví caminar con ademán apresurado, inmerso en sus pensamientos, ensimismado en algún reto inmediato que irremediablemente tenía que superar de cara a los demás. Cuando descorría la cremallera de mi tienda, observé como se confundía entre los que, con pasos pesados, acudían en busca del agua fresca que lograra despejarlos de la noche anterior. Imaginé en esos momentos que él también abriría el grifo y, mientras el agua desaparecía por el desagüe, se contemplaría en el espejo durante unos segundos. A continuación, sin querer pensarlo demasiado, arremetería con el aseo matinal. Seguir leyendo

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