Paréntesis

Paréntesis
Antonio Miguel Abellán

Poesía
Alforja. Colección de poesía
1997

 

 

 

 

 

 

 

 

 Fragmento:

NOS ALIMENTAMOS CON RECORTES DE VIENTO

Nos alimentamos con recortes de viento.
¿Qué ocurrirá cuando nos hayan lanzado
subrepticiamente hacia el vacío de lo inerte?
El mundo nuevo,
la alegre era de la uniformidad,
de los astros que lanzan destellos
de luz artificial,
de los estridentes gritos
que delatan una aberrante crisis de ideas,
que pregonan la muerte del espíritu,
empujando hacia la fosa común
a millones de idealistas exacerbados,
malsanos y dementes de cualquier credo
que pretenden alimentarse de su ego.
La culminación del mundo que se avecina:
controladas máquinas capaces
de conseguir absoluta tranquilidad
en la fabricación de toneladas de heces
que diariamente consume
la bazofia con alma emputrecida.

¿Dónde están los hilos que nos mueven a todos?
¿Dónde buscar en la historia
las manos invisibles
que hicieron funcionar las civilizaciones?
¿Cómo destruir el carisma del mal?

Ya no queda lugar para la tristeza.
Hay que bailar,
danzar al compás de las moscas,
enterrar el alma en lo más recóndito
de las vértebras,
en el tuétano oculto
donde nadie pueda hallarla jamás,
donde ni siquiera uno mismo
sepa nunca donde la guardó.
La uniformidad ha acabado con el Hombre.

¡Nietzche! ¿Dónde está el Hombre?
No ha existido nunca un solo Hombre,
la inteligencia siempre ha sido un engaño,
un falaz sueño para locos.
Lo burdo es lo que ha modelado siempre al mundo,
y yo me escondo,
oculto mi rostro entre las heces
de los fabricantes que día a día
manchan la vida con sus basuras.

Cuando ya el cansancio oprime con furia el pecho,
la ira contenida devuelve un halo de impotencia.
El día ha vuelto a morderme una vez más,
mientras las sombras acaban de cubrirlo todo.

LAS SOMBRAS

La tarde camina despacio
entre el pulular
de las sombras inhiestas,
que desplegadas
en un sin fin de caminos
se pierden entre las redes
de un calor infernal,
anhelantes de sueños,
suplicantes de vida,
encaramándose algunas
en el azul del éter diáfano
para proteger,
desesperadas,
el perfil absorto
de una tarde
bucólica y radiante.